No he escrito nunca mi nombre en la arena de ninguna playa.
No tengo muchas playas en mis ojos
y menos aún en mis pies.
Hoy necesito alguien que me rescate con un abrazo...
mientras eso pasa, lo tengo a Camarón.
Empezar de nuevo,
sin destino y sin tener
un camino cierto
que me enseñe a no perder la fe...
Y escapar de este dolor
sin pensar en lo que fue,
cuanto aguanta un corazón
sin el latido de creer
en lo bello, en la verdad,
en la esperanza del placer amar,
en los sentimientos que se quedan,
sueños que perduran.
Y busqué, subí, fui preso
entre las alas del amor,
Sin distancia y sin recuerdo
en las arenas de esta soledad.
Presa de un silencio roto,
hijos del amanecer,
que nunca alcanzó esa luz
tan confundida y el placer.
Y cierro los ojos
solo para comprender
cuanto aguanta un corazón
sin el latido de creer...
"...Louis llevó la trompeta a sus gruesos labios y sopló. Sopló una sola nota, grande, enorme y agria, como una rata que explota, y se le inundaron los ojos de lágrimas y el sudor le corrió por la nuca. Louis sentía que llevaba paz y alegría al mundo. Llenó de nuevo sus pulmones y sopló una nota fundida, que subió tan alto en el azul que se heló y permaneció suspendida en el cielo como un diamante astral. Louis se levantó y retorció la trompeta hasta que se quedó convertida en un brillante pandeo de éxtasis. El sudor regaba su cuerpo. Louis era tan feliz, que incluso sus ojos comenzaron a sudar y formaron dos alegres estanques de oro, a uno de los cuales bautizó con el nombre de rey de Tebas, en honor de Edipo, su pariente más próximo, que había vivido para encontrar la Esfinge..."
Henry Miller, El Coloso de Marusi.
