A fin de cuentas se trata de los ojos puestos sobre algo que se desconoce pero que se sabe profundamente. Tal distinción absurda no es más que el reflejo acuoso del origen, del principio de todo, el camino sagrado del retorno.
Yo no puedo sentir otra cosa que vergüenza y creo que la avestruz no se oculta por los mismos motivos. Mis palabras son vacías porque carecen del misterio necesario para andar, para ser. No sirven, como yo misma. Todo da vueltas en mi cabeza y no tengo ya fuerzas para nada que no sea el arrepentimiento y la nostalgia de saberte perdido.
«Puedes empezar a leer esto y cuando llegues aquí empezar de nuevo. Cierra estas palabras como un círculo, como un aro, échalo a rodar, enciéndelo. Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas, en mi garganta como moscas en un frasco. Yo estoy arruinado. Estoy arruinado de mis huesos, todo es pesadumbre»
«"El ruido tiene una ventaja. No se oyen las palabras". Se dio cuenta de que desde su infancia no hace otra cosa que hablar, escribir, dar conferencias, inventar frases, buscar expresiones, corregirlas, de modo que al final no hay palabras precisas, su sentido se difumina, pierden su contenido y se convierten en residuos, hierbajos, polvo, arena que vaga por su cerebro, que le duele en la cabeza, que es su insomnio, su enfermedad. Y en ese momento sintió el anhelo, oscuro y poderoso, de una música inmensa, de un ruido absoluto, un bullicio hermoso y alegre que lo abrace, lo inunde y lo ensordezca todo y en el que desaparezca para siempre el dolor, la vanidad y el nihilismo de las palabras. ¡La música, la negación de las frases, la música, la anti-palabra! Anhelaba estar durante mucho tiempo abrazado a Sabina, callar, no decir ya nunca más una sola frase y dejar que el placer se funda con el estruendo orgiástico de la música. En medio de aquel feliz ruido imaginario se durmió.»